OMBLIGO.jpgEl pasado viernes 24 en la sede del Consejo General de la Abogacía Española tuvo lugar el proceso de elección de nueve de los doce consejeros electivos del Pleno del Consejo, plazas reservadas a abogados de reconocido prestigio, conforme dispone el artículo 70, apartado 1 letra e) del Estatuto General de la Abogacía Española.

El que escribe estas líneas es uno de los veinte compañeros que presentaron su candidatura a ocupar una de esas plazas, y el fin de esta entrada es explicarles a ustedes mis impresiones sobre el proceso.

Vayan por delante las siguientes premisas:  

I. Estas líneas no son fruto de enfado o despecho por no haber resultado elegido. En absoluto. Uno ya es mayorcito y es consciente de a qué iba y, más o menos, lo que se encontraría y las nulas posibilidades de ser elegido. No tengo problema alguno con eso. No van los tiros por ahí. El Estatuto me permitía presentarme y así lo hice, sin más, porque, como decía en mi carta de presentación, me hubiera gustado ser desde dentro parte activa en este tiempo de importantísimos cambios afectantes a nuestra profesión: nos enfrentamos a un nuevo modo de acceso a la profesión; a un nuevo modelo nueva oficina judicial; al desembarco de las nuevas tecnologías en el mundo de la Justicia, que ya está provocando una importante mutuación en nuestra forma de trabajar, que alcanzará su cúlmen en el momento que entre en juego, definitivamente, el expediente judicial electrónico; porque parece ser que por fín se va a coger el toro por los cuernos y se va a embestir la lacra de las filtraciones judiciales, de las que ningún colectivo vinculado a la Justicia, incluido el nuestro, está libre de pecado; porque es necesario que nuestro colectivo, tanto a nivel individual como a nivel Colegios Territoriales y propio Consejo General, sea consciente de la importancia de la formación continua tanto en las materias tradicionales como en nuevas tecnologías, que van a estar cada vez más presentes en todos los ámbitos de nuestra vida privada y profesional, y también en privacidad (protección de datos), uno de los verdaderos talones de Aquiles de la profesión y me atrevo a decir que de buena parte de todos los operadores jurídicos.

¿Que salía elegido? Estupendo. ¿Que no? No pasaba nada, salvo esperar que alguna de las ideas que ya exponía en mi carta se entendiera de provecho y se llevara a la práctica.

 II. Tampoco quiero poner en tela de juicio las cualidades de los compañeros que han resultado elegidos. Al contrario, me parecen excelentes profesionales, al igual que aquellos que, como yo, no obtuvieron el respaldo de los votantes. Tampoco van los tiros por ahí. Yo no dudo de lo positivo de su trabajo en interés de la profesión desde los puestos que ocupan en el Pleno del Consejo.

III. Mi agradecimiento a mi Decano, Martín Aleñar, que me votó, así como a las otras tres personas que también lo hicieron, que no sé quienes son. Agradecer también a los Decanos de Alicante, Málaga, Valencia y Cartagena el haber contestado amable y cordialmente en su momento a mi carta de presentación e intercambiado impresiones vía correo electrónico. Siento no haberles podido saludar personalmente el viernes, excepto a José Muelas, pero por lo que expondré a continuación se entenderá pefectamente el porqué no pude hacerlo.

Dicho lo anterior, entro en materia e intento explicarles por qué pienso que la elección de los consejeros electivos no decanos del pasado día 24 presenta serios problemas de fondo y, sobre todo, de formas.

EN CUANTO AL FONDO

De acuerdo con los datos que ofrece la propia web del CGAE, en diciembre de 2011 el número de abogados colegiados en España era de 185.605, de los que 130.015  tenían la condición de ejercientes y 55.590  la de no ejercientes. En cualquier caso, todos ellos elegibles como consejeros del pleno.

Pues bien, de esos 185.605 colegiados TAN SOLO 20 formalizamos nuestra voluntad de concurrir al proceso electivo. ¿Y por qué esa pírrica participación? Se me ocurren varios motivos:

La existencia de un, quizás, generalizado desconocimiento de las múltiples actividades que desarrolla el CGAE, lo que debería suponer un replanteamiento o una revisión de la política de comunicación de la corporación.

Una incorrecta, no idónea o insuficiente difusión de la propia convocatoria, lo que nos llevaría igualmente a la necesidad de revisar la política de comunicación.

Pudiera darse también, un desinterés generalizado de los compañeros por participar en este tipo de órganos, por lo que debería estudiarse como fomentar ese interés.

Pero me parece a mi que el verdadero motivo de esa baja participación es que el colectivo profesional es cada vez más consciente de que tan cierto es que cualquier abogado pueda presentar su candidatura a ocupar una de las plazas de consejero electivo no decano del pleno como que esas plazas en la práctica solamente serán ocupadas por ex decanos (condición que, al parecer, les dota de un prestigio cualificado frente al resto de abogados) y además –y esto no lo dice la nota de prensa del CGAE−, en buena parte por las mismas personas que las ocupaban hasta las propias elecciones o por quienes hasta hace (practicamente de forma literal) dos días formaban parte del Consejo en su calidad de decanos.

Y si no, vean:

1.-¿Quién elige a los consejeros electivos? De acuerdo con lo dispuesto en el apartado segundo del artículo 70 del Estatuto General de la Abogacía Española tienen derecho a voto todos los miembros del Pleno, órgano conformado por el Presidente del propio CGAE; todos los Decanos de los Colegios de Abogados de España (hay 83); el Presidente de la Mutualidad General de la Abogacía; los Presidentes de Consejos de Colegios de Abogados de Comunidades Autónomas, en los que no concurriere la condición de Decano; y doce Consejeros, que habrán de ser abogados de reconocido prestigio, elegidos libremente por el propio Pleno del Consejo. Precisamente estos últimos los consejeros  de cuya elección estamos tratando. Debo decir que los siete compañeros que ocupaban plaza de consejero y que se presentaban a la reelección, por acuerdo alcanzado en ese sentido, se abstuvieron en la votación, pese a que el Estatuto, por absurdo que suene, les reconoce el derecho de voto, algo que puse de manifiesto en mi carta de presentación y supongo que alguno de los otros siete candidatos “noveles” también lo haría; quejas que entiendo fueron uno de los motivos por los que se produjo esa abstención.

2.- De la lista de veinte compañeros que concurrimos a las elecciones, siete , como ya he dicho ocupaban plaza de las que salían a elección. Es decir, ya eran consejeros electivos y de hecho permanecían en esa plaza en funciones.

De esa misma lista, cinco más eran ex decanos, algunos (más de uno) casi de estreno en dicha condición, lo que supone que hasta hace dos telediarios eran miembros del Consejo en virtud de su cargo.

Los ocho restantes, nos presentábamos sin antecedentes como decanos o consejeros del Pleno. Es decir, a pelo.

3.- Para ocupar las nueve plazas objeto de elección los miembros del pleno han elegido a nueve de las doces personas relacionadas de alguna forma con el Pleno y a ninguno de los ocho restantes compañeros que no habíamos aventurado a presentarnos. Resultado a final del partido, 9-0, en la quiniela un “1”.

4.- Las doce personas más votadas de la lista fueron… los doce que Uds. ya imaginan.

5.- Entre los ocho restantes, aspirantes categoría B (o C, vaya Ud. a saber) de los abogados de reconocido prestigio, recibimos VEINTICUATRO VOTOS. Para que Uds. tomen conciencia en su justa medida de esa cifra, les diré que cada miembro del Pleno con derecho a voto podía marcar en la papeleta de votación, que incluía a los veinte candidatos, un máximo de nueve nombres. Exactamente no sé cuantos miembros del pleno estaban presentes, ni cogí nota de todo el recuento final pero, tirando por lo bajo, se emitieron más de SETECIENTOS CINCUENTA VOTOS. Es decir, que escasamente recibimos el 3,2% del total de votos emitidos. Y eso, como he dicho, en el mejor de los casos, porque los votos fueron más.

Conclusión: el que alguien se presente por libre a estas elecciones sirve para dar un falso halo participativo y abierto al proceso, pero para nada más. Repito el resultado: 9 a 0; 24 votos entre los ochos “nuevos”, 726 como mínimo para los aspirantes a repetir.

Permítanme que les reproduzca aquí lo que al respecto dije en mi carta de presentación a los miembros del Pleno:

¿Ayuda a la renovación y a la incorporación de caras nuevas el hecho que doce de los veinte

candidatos hayan formado parte del mismo, o lo sigan siendo en el caso de los que ocupan ahora las plazas a renovar, y además tengan derecho a voto, cuando no así el resto de candidatos? Sincera y respetuosamente creo que no. Lo que transmite es sensación de inmovilismo.

 

Esos doce compañeros, sin duda de enorme valía, han prestado un impagable servicio al Consejo y al colectivo. Pero, con la expiración de sus cargos, deben dar paso a nuevos compañeros, pero sobre todo a ideas nuevas que permitan, sobre la enorme base y prestigio consolidado a lo largo de los años de existencia del Consejo, seguir avanzando.

 

Por supuesto que todo órgano tiene que tener una cierta continuidad, pero en el caso del Consejo queda garantizada por la permanencia en su cargo de la mayoría de los que pertenecen al mismo en su condición de Decanos de Colegios territoriales.

¿Significa, entonces, que debe prescindirse de esas valiosas personas? Por supuesto que no,

hay muchas formas de que sigan trabajando activamente para el Consejo, pero para que haya

renovación es necesario ese cambio. Y para eso, con independencia del resultado de la votación, creo necesario afrontar una reforma de los Estatutos del propio Consejo, de forma que se eliminen o limiten las posibilidades de reelección o pertenencia al Pleno ocupando otro cargo (que no sea por supuesto la elección como Decano de un Colegio Territorial) de aquellas personas cuyos mandatos o cargos hayan vencido, a fin de garantizar un mínimo de renovación más allá de la que ofrece la alternancia motivada por los cambios de Decano de los Colegios territoriales o se busque un equilibrio entre “repetidores” y “nuevos”, de forma que siempre se garantice una presencia numérica mínima de estos.

Uds. me podrán decir que con el Estatuto en la mano  lo que ha pasado no está prohibido y, por lo tanto es posible que suceda. Cierto, y de hecho, como he expuesto, así ha sido (y supongo que no es nada nuevo). Pero no creo que sea ese el espíritu de esa norma. Los Decanos tienen sus plazas, y las otras, son para otros representantes del colectivo. Pero si no lo ven así, no pasa nada, se modifica el Estatuto de forma que para presentarse a estas plazas se exija haber sido decano y arreglado, y yo sigo pagando tranquilamente  los once euros y pico que periódicamente me gira el Colegio en concepto de “cuota CGAE”, pero no pidan que el colectivo tenga espíritu participativo ni que esto sea una fiesta de democracia interna, porque no cuela.

Creo sinceramente que debe modificarse el Estatuto y, visto lo visto, la única salida que veo es ir a un proceso abierto de verdad a todos los colegiados para la elección de esas doce plazas de consejeros no electivos. Y digo abierto no solo en el sentido de poder ser elegido cualquiera, que sobre el papel es así, sino permitiendo que sea la abogacía en pleno la que elija a sus representantes de forma transparente y en igualdad de condiciones y oportunidades. Hoy en día, gracias a las nuevas tecnologías, ello es perfectamente posible, no solo a la hora de votar, sino incluso para conocer a los candidatos, a los que bastaría habilitar un espacio en la web del Consejo para darse a conocer y exponer sus ideas. En este proceso que hemos vivido ahora, por ejemplo, hemos llegado al absurdo de que los miembros del pleno han recibido de cada candidato una carta o escrito presentándonos y exponiendo nuestras ideas, pero ni ellos a nosotros, ni nosotros a ellos, nos hemos visto la cara hasta después de las votaciones, porque ni se nos ha invitado un día a departir con ellos ni se nos dejó estar presentes en el pleno del día 24.

Y vuelvo a repetir: no pongo ningún “pero” de carácter profesional a mis compañeros elegidos, ni dudo de la calidad de su trabajo al servicio de la profesión desde su cargo en el pleno. Pero desde mi punto de vista, las cosas no deberían ser así.

No sé qué opinarán Uds. al respecto, pero yo estaría encantado de saberlo, por lo que invito a todo el mundo a que aporte su comentario o parecer.

EN CUANTO A LAS FORMAS

En cuanto al problema de las formas, debo decir que  ha sido lo que me ha terminado de decidir a escribir este artículo. Porque todo lo anteriormente expuesto se daba por asumido. Pero lo que yo no esperaba es que, después de prácticamente 23 años  de profesión, el sitio donde peor me han tratado ha sido donde menos lo esperaba, en el propio Consejo General de la Abogacía Española.

Les ruego que se pongan en situación: dentro de la historia que les estoy contando soy uno de los veinte candidatos a integrarme dentro de uno de los órganos rectores del Consejo General de la Abogacía española, el Pleno, dentro de un proceso electoral convocado por la propia corporación. Sin ninguna posibilidad real de ser elegido y pasar a ser “Excelentísimo Señor”, cierto, pero candidato a fin de cuentas, aunque sea a efectos meramente formales. No lo digo para darme ínfulas, repito, solo para que Uds. se sitúen y juzguen si es normal lo que les expondré.

Aclarado lo anterior, les cuento mis aventuras y desventuras como candidato en la sede del CGAE, que en buena parte también lo fueron de mis siete compañeros de lista independientes:

1.- Una de las prebendas que tienes como candidato es que desde la Secretaría del CGAE te faciliten un listado con los datos de contacto de todos los miembros del Pleno para, caso de que te interese, te puedas dirigir a ellos. Uno de los datos incluido en el listado es la dirección de correo electrónico de cada uno de los miembros. Dado que estamos en la era de las nuevas tecnologías, decido remitir mi carta de presentación a todos los miembros del Pleno en archivo electrónico, formato PDF, vía correo electrónico.

2.- Remitidos los oportunos correos electrónicos, seis o siete me vienen devueltos por dirección desconocida o no operativa, y no una, sino dos y tres veces. Es decir, que nadie se ha molestado en verificar la corrección de esas direcciones. A efectos de solventar la incidencia, debo llamar a los despachos particulares de los compañeros o a las sedes de sus colegios territoriales para averiguar las direcciones correctas.

3.- Cuando pongo esos hechos en conocimiento de la Secretaría del CGAE y pongo a su disposición las direcciones correctas para que se envíen a los demás candidatos… no recibo contestación alguna. Hoy todavía la espero.

4.- De todos los destinatarios a los realizo el envío, únicamente TRES de los componentes del pleno, a los que he citado en la introducción, tienen la gentileza de acusar recibo y contestar mi correo, atención que, como todo abogado conoce, es de obligada observancia entre compañeros. Ojo, no cuenten como incumplidor a mi Decano, que ya habíamos hablado un par de veces sobre mi presentación y suficientemente contestado y respaldado por él me he sentido. A este respecto, he entrado en contacto con mis compañeros independientes de candidatura y me han comentado que a ellos les ha pasado lo mismo: que casi recibieron tantas contestaciones como votos el día 24.

5.- Secretaría nos mandó el acuerdo de la Comisión Permanente aprobando las candidaturas y la fecha del pleno, si, pero… no el horario, que he tenido que reclamar e insistir en ello para poder organizarme y comprar el billete de avión, porque yo no tengo el despacho en Paseo Recoletos 11 ó 15, no (el Consejo está en el nº 13). Lo tengo en Palma de Mallorca.

6.- No se tuvo la gentileza, aunque fuera para cubrir las formas, de explicarnos el protocolo del acto ni facilitarnos los artículos del Reglamento de Régimen Interior que lo regulan y que recogen  asimismo la fórmula a emplear para la toma de posesión, que viene determinada en el apartado 2º del artículo 2 del citado Reglamento, y que les trascribo por si fuera de su interés:

Todos los miembros del Pleno del Consejo General, tomarán posesión de sus respectivos cargos mediante juramento o promesa ante el mismo con la fórmula siguiente: “Juro (o prometo) desempeñar leal y fielmente el cargo de Consejero de la Abogacía Española, (opcional, con lealtad al Rey); guardar y hacer guardar la Constitución, el Ordenamiento Jurídico vigente y las Normas Deontológicas que nos rigen; y mantener en secreto las deliberaciones del Consejo”. A continuación, el Presidente del Pleno les impondrá los distintivos del Consejo General de la Abogacía Española, con lo cual quedarán en posesión del cargo.

Total, como no me iban a elegir, pues para qué me iba yo a molestar en, como mínimo, leerlo, debieron pensar. Pues nada, muchas gracias.

Por cierto, si Ud., amable lector, se pregunta como es que al final tengo esa fórmula, le diré que, como uno es una mente inquieta, intentó encontrar el Reglamento en la web del CGAE…pero no lo encontré porque no está. Así que se lo pedí a mi colegio territorial, que tampoco lo tenía, pero sí se ofrecieron amablemente a solicitárselo directamente al CGAE, que se lo envió, y de mi colegio a mi.

7.- Cuando confirmo por escrito mi presencia en el acto y mi horario aproximado de llegada, porque mi traslado a Madrid es necesario, dado que el Estatuto dice que si resultas elegido debes tomar posesión del cargo en el mismo pleno, nadie se molesta en contestarme y en darme alguna indicación sobre si debo preguntar por alguien en concreto al llegar al Consejo.

8.- Cuando llego al Consejo el viernes sobre las 10:30 de la mañana, a falta de indicación, me dirijo al mostrador de atención/conserjería, que está justo antes de entrar en las dependencias del Consejo, e informo a la persona que lo atiende de quien soy. Muy amablemente, dicha persona se dirige a la sala de plenos, por cuanto el mismo ya ha empezado, y al cabo de unos cinco minutos esa misma persona vuelve a salir para decirme que no puedo estar presente en el pleno y que puedo optar por tomarme un café en una mesita que han instalado junto a la puerta de acceso de la sala de plenos, junto con un montón de percheros y maletas, y esperar ahí a que me dejen entrar, o bien puedo irme a dar una vuelta y volver sobre las doce. Obviamente opté por la segunda opción, rogando a dicha persona que me llamara a mi teléfono móvil por si al final la hora prevista para entrar en la sala de plenos se adelantaba, no sin antes preguntarle si alguien del pleno iba a salir de la sala a hablar conmigo, a lo que contestó que no.

Debo decirles que el lunes 27 por la mañana contacté con varios de los otros candidatos independientes que se personaron el viernes en el Consejo desde el propio Madrid, Alicante o Zaragoza y a todos les pasó tres cuartos de lo mismo. ¿Que de dónde he sacado sus datos de contacto? Los he buscado en el censo de abogados de la página de Red Abogacía.

¿A ustedes no les parece tremendo que NADIE del Consejo (y cuando digo NADIE me refiero a un miembro cualquiera del  pleno o o de otro órgano, cualquier cargo institucional) salvo la persona encargada de la recepción, reciba a las personas candidatas a ocupar los cargos precisamente para los que se han convocado las elecciones? ¿Es que no hay nadie en el Consejo que se encargue mínimamente del protocolo?

9.- Sobre las doce vuelvo a la sede del Consejo, después de darme un garbeo madrileño y justo cuando estoy a la altura del número 11 de Paseo de Recoletos (el Consejo está en el 13) recibo una llamada de la misma persona de conserjería/atención para comunicarme que se está produciendo el segundo turno de votación y que ya puedo entrar en la sala del pleno. ¡Albricias!

10.- En la sala de plenos, al igual que les pasó al resto de independientes, nadie me recibe; nadie me dice siquiera que algunos de los candidatos de a pie se ha desplazado desde Sagunto, Santander o Zaragoza y que están por la sala, igual de desamparados que yo; nadie me presenta siquiera, dada mi formal condición de canditato, a los miembros de la mesa del Pleno como mínimo. Mi participación se limita a entrar en la sala, sin más, y ver como evoluciona el recuento, que por cierto ya se había iniciado sin esperar a que mis compañeros o yo hiciéramos acto de presencia, porque ya se había decidido que era intranscendente, como indican los hechos expuestos.

11.- El resultado ya se lo he contado anteriormente, así que no se lo voy a repetir. Pero sí les contaré un detalle ocurrido durante el recuento que, al menos para mi, fue la gota que colmó el vaso. Para que lo entiendan les explico el sistema de votación. Para votar el Consejo facilita unas papeletas, que contienen el nombre de todos los candidatos, ordenados alfabeticamente por primer apellido. Cada nombre va precedido de un cuadradito, de forma que los votantes pueden marcar hasta un máximo de nueve cuadraditos o candidatos. Todas las papeletas se depositan en una urna, de las que posteriormente, iniciado el escrutinio, son extraidas de una en una por la Secretaria general del Pleno, que va cantando los nombres marcados, que son contabilizados a su vez por otro miembro de la mesa. Como pueden Uds. suponer, habida cuenta de la concentración de los votos en solo una parte de los candidatos, esa lectura adquirió un tono monótono, repetitivo, a modo de cantilena o letanía, solo roto de uvas a peras por el nombre de un candidato de los otros… hasta que todos los nombres marcados de una papeleta, excepto uno, eran los de los otros ocho candidatos, lo que provocó gran hilaridad entre la mayoría (algunos guardaron respetuoso silencio) de los componentes del Pleno desde el momento que la Sra. Secretaria leyó el tercer nombre, porque claro, ¡qué divertido, qué gracioso! ¡Uno de los nuestros que no nos vota a ninguno de nosotros! No hace falta que añada más, porque el hecho se comenta y califica por sí solo.

12.- Así que, terminado el recuento, y solventado por antigüedad en la colegiación un emocionantísimo empate a cuarenta y tantos votos entre dos candidatos, acto seguido se procedió a la proclamación de los elegidos y a su toma de posesión, momento que aproveché para localizar en la sala mi decano para saludarle y agradecerle su voto y, previo intento baldío de felicitar por su elección a mi ex decano, que había sido secuestrado, marcharme. Podría haber esperado y aprovechado la ocasión para saludar al presidente del Consejo, Sr. Carnicer, y a algún otro miembro de la mesa, pero decidí  que no tenía el mínimo interés en conocer y saludar a alguien que ni siquiera se ha molestado en recibirme cuando he ido a su casa, que no deja de ser la mía como abogado que soy, cuando precisamente se ma ha invitado a ir. Así que me fui al Café Gijón a tomarme una cervecita tan ricamente al sol tan estupendo que hizo el viernes en Madrid y a disfrutar del resto del día. Cervecita que, por otra partre, hubiera compartido encantado con mis compañeros de candidatura no “oficialistas” que acudieron el acto si alguien se hubiera tomado la molestia de presentarnos, que ni eso, lo que llevó a que sí nos la bebiéramos…pero por separado. Qué triste, de verdad, qué triste.

Con todo lo que les he contado no estoy reclamando una alfombra roja; ni que los empleados de la casa formaran pasillo y nos aplaudieran al entrar en la sala; ni que se nos anunciara por megafonía con proyección de nuestras imágenes, ni nada por el estilo. Simplemente reclamo la observancia de las mínimas reglas de educación, de cortesía profesional y de respeto del propio proceso electoral en el que participábamos como candidatos aunque no se nos viera como tales. Sr. Carnicer –y me dirijo a U. porque es el presidente del Consejo− los ocho compañeros que nos presentamos por libre a las elecciones somos abogados en ejercicio con una edad que supera la cuarentena y un bagaje profesional mínimo de 20 años, con despachos abiertos al público que desatendimos durante un día entero para participar y estar presentes en el proceso electoral, desplazándonos desde nuestras ciudades de origen, y lo mínimo que nos merecemos es eso: respeto, educación y cortesía profesional.

Creo que todo ha quedado muy clarito, por lo que no me extenderé más. Solo deseo que la reforma que se anuncia del Estatuto General de la Abogacía Española modifique el sistema electoral para la elección de estas plazas (en 2014 deben renovarse las otras tres plazas reservadas a abogados no decanos) y que lo sucedido sirva para que alguien reflexione y tome las medidas oportunas para que lo que ha pasado no vuelva a pasar.

PD: Si alguien tiene curiosidad o interés, puede acceder a mi carta de presentación a los miembros del Pleno desde este

PRESENTACIÓN ALFONSO PACHECO ELECCIONES CGAE (253 descargas) , porque qué menos que los abogados puedan conocer, aunque someramente, los motivos que le impulsan a uno a presentarse a estos cargos y las ideas que tiene.